Editorial
Incluso inmersos en la más complicada de las batallas, siempre hay pequeños triunfos que, aunque no suponen la victoria total, nos animan a seguir en la lucha, a pensar que estamos en el camino adecuado para alcanzar al final nuestros objetivos.
Sin duda la situación poblacional actual del lince ibérico es uno de esos triunfos. Sin olvidar que el futuro de la especie sigue estando comprometido, y que siguen pesando graves amenazas contra sus hábitat, si tenemos en cuenta cuál era la situación de las poblaciones de lince ibérico a finales de los años 90, podemos decir que algo se ha hecho bien en las dos décadas y media que llevamos del presente siglo para que la que era una de las especies en peligro más crítico de extinción del planeta haya mejorado sensiblemente su estatus.
Los datos del último censo de lince ibérico arrojan una cifra de 942 linces en Castilla-La Mancha, lo que sitúa a nuestra comunidad autónoma como un enclave vital para la supervivencia de este felino, albergando aproximadamente el 46% de todos los ejemplares de la especie. El área de distribución actual del lince en Castilla-La Mancha abarca más de 300.000 hectáreas repartidas en cuatro de nuestras cinco provincias, con tres poblaciones consolidadas, otras dos incipientes y varias zonas de conexión.
No es cuestión de ponerse medallas, pero sí de reconocer que en este caso la colaboración de los gobiernos autónomicos, el gobierno central, los propietarios y gestores del territorio, las organizaciones conservacionistas, las instituciones científicas, y la población local, ha permitido una recuperación de la especie en la que no muchos confiaban cuando en octubre de 2022 se celebró en Andújar el I Seminario Internacional sobre la Conservación del Lince Ibérico.
Queda trabajo por hacer para conseguir que el lince ibérico vuelva a ocupar sus territorios de distribución original, y para que los hábitat que comparte con otras especies emblemáticas como el águila imperial o el buitre negro, tengan un estado de conservación óptimo. Pero en cualquier caso, el camino recorrido supone no solo un triunfo de la conservación, sino también una inspiración para futuros esfuerzos en la protección del patrimonio natural de nuestro país.
Por ello dedicamos al lince ibérico el artículo principal de este número, en el que también podéis encontrar una propuesta para convertir a la truficultura (cultivo de trufa) en una alternativa para la generación de economía en zonas que, como la Serranía de Cuenca, están intensamente amenazadas por el fantasma de la despoblación. Dentro del proyecto RECONECTA, en el que participa la Fundación Global Nature, se ha puesto en marcha esta iniciativa que busca mantener la gestión de los montes favoreciendo también el arraigo de la población del territorio. Y demuestra que la actividad trufera, siguiendo esquemas de agricultura sostenible, beneficia a la biodiversidad.
También podréis encontrar la actualidad de nuestros espacios protegidos a través del número nueve del Boletín de Áreas Protegidas, y las secciones habituales de noticias breves, y “Tú cómo lo ves”, donde tenéis un espacio para compartir vuestras fotografías.
