Revista Medio Ambiente
Revista Medio Ambiente Castilla-La Mancha
La Revista Medio Ambiente Castilla-La Mancha es una publicación gratuita editada por la Consejería de Desarrollo Sostenible.

Abordar los riesgos naturales

desde la Educación Ambiental
Educación Ambiental
21 de Julio de 2026
Image:
Asistentes al encuentro Estrategia de Educación Ambiental. Horizonte 2030

Nuestras sociedades llevan conviviendo históricamente con una serie de riesgos naturales que periódicamente ocasionan efectos negativos para nuestra seguridad colectiva. En los últimos años, el cambio climático viene actuando como potenciador de buena parte de esos riesgos naturales a los que nos enfrentamos como sociedad, y en fechas recientes hemos tenido la oportunidad de comprobarlo a través de fenómenos como “Filomena”, la DANA de Valencia, o el tren de borrascas que este invierno ha ocasionado inundaciones en buena parte de nuestro territorio.

La “Estrategia de Educación Ambiental. Horizonte 2030” incluye como uno de sus principios orientadores la prevención del riesgo de desastres naturales, haciendo hincapié en el papel de la educación ambiental como motor y herramienta de cambio para conseguir una sociedad más sensibilizada y activa que impulse medidas sostenibles para reducir la amenaza que pueden suponer estos riesgos, y garantizar una transformación de los hábitos de la ciudadanía hacia modelos que nos permitan convivir con los riesgos naturales de una forma más segura.

Porque comprender el riesgo es la primera y más eficaz protección
Image:
Asistentes al encuentro Estrategia de Educación Ambiental. Horizonte 2030

Por eso este año decidimos elegir como temática para el IV Encuentro Regional de Educación Ambiental en Castilla-La Mancha la prevención de desastres naturales. Así, bajo el lema “Abordar los riesgos naturales desde la Educación Ambiental”, se desarrolló en Valdepeñas los días 25 y 26 de febrero este evento que se ha consolidado como una de las citas clave en materia de educación ambiental en nuestra región.

La elección de Valdepeñas como sede no fue casual, ya que esta villa ciudadrealeña ha sufrido históricamente distintas inundaciones, la última de las cuales ocurrió en 1979 y dejó más de una veintena de fallecidos en la localidad.
Como en ediciones anteriores, el encuentro ha tenido un considerable éxito de convocatoria, reuniendo a más de 150 profesionales de distintos sectores relacionados tanto con la prevención de riesgos como con la educación ambiental.

 

No todos los peligros son naturales
Image:
Rubén del Campo Hernández

Para abrir este IV Encuentro Regional se contó con la participación de Rubén del Campo Hernández, que actualmente coordina la comunicación externa de la Agencias Estatal de Meteorología en sus distintos canales, y es el portavoz nacional de la Agencia. Con su ponencia inaugural titulada “Crisis ambiental: ¿son naturales todos los peligros?”, Rubén hizo una introducción a los distintos riesgos que se iban a abordar después, como las inundaciones y sequías, los episodios de temperaturas extremas, o los incendios forestales, y la influencia que tiene en ellos el cambio climático. Así destacó que los episodios combinados de calor y sequía son ahora cuarenta veces más frecuentes a consecuencia del cambio climático. También señaló la importancia de una comunicación veraz de los riesgos naturales, alertando sobre el peligro que suponen los bulos y la desinformación, en un contexto en el que se está intentando desprestigiar a la comunidad científica, y en el que a veces la labor de proporcionar información veraz se convierte en una profesión de riesgo.

 

Convivir con el riesgo

Después de la intervención de Rubén del Campo se inició una serie de cuatro microponencias centradas en riesgos naturales específicos. La primera de ellas se ocupó del riesgo de inundaciones, una amenaza que ha afectado históricamente a todas las comunidades humanas que han elegido la proximidad de los ríos para la instalación de sus viviendas, para sus cultivos y actividades. Javier González Pérez, Catedrático de la Escuela Técnica superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la UCLM, y CEO de la empresa HIDRALAB, realizó un recorrido por las mayores inundaciones sufridas en Castilla-La Mancha, con especial atención a la ocurrida en Valdepeñas en 1979.

Image:
 Javier González Pérez

Destacó que no existe una infraestructura hidráulica que nos pueda proporcionar una protección absoluta contra inundaciones, que el riesgo siempre existe, y la mejor forma de que no se traduzca en un desastre es la preparación de la comunidad. Es decir, tenemos que aprender a convivir con el riesgo para que nos ocasione los menores perjuicios. En este sentido, presentó el Sistema de Alerta frente a Tormentas, que la empresa HIDRALAB ha desarrollado de forma conjunta con el Ayuntamiento de Valdepeñas, y que tiene como objetivo proporcionar un mayor nivel de seguridad a través de la gestión preventiva inteligente, antes y durante el evento de inundación.

Las herramientas que componen el sistema aportan como elemento clave una inteligencia hidrológica que permite anticiparse a la inundación, evaluar el estado real de riesgo, y activar en cada momento las medidas más adecuadas, de forma coordinada y fundamentada en información confiable. Gracias a esto, el sistema es capaz de automatizar la activación de distintos niveles de emergencia contenidos en el Plan Municipal de Alerta y Actuación frente a Inundaciones de Valdepeñas, así como lanzar alertas personalizadas al ciudadano en función de su nivel de exposición a los efectos de las inundaciones previstas.

 

La vulnerabilidad como factor clave
Image:
Cristina Linares Gil, del Grupo de investigación Salud y Medio Ambiente Urbano, del Instituto de Salud Carlos III

No siempre es posible actuar directamente sobre el riesgo natural, pero sí sobre la dimensión humana del riesgo, que es lo que conocemos como vulnerabilidad. Y esta fue una de las ideas sobre las que pivotó la intervención de Juan José Fernández Ortiz, director del Centro Operativo Regional de Incendios Forestales. En su ponencia titulada “Una nueva era en los incendios forestales. ¿Podemos prepararnos?” nos recordó que los efectos del fuego pueden ser muy distintos en función de cómo se gestione el territorio. Describió al fuego como un factor natural y un elemento modelador del medio, y defendió que el ser humano, como parte inseparable del entorno, debe aprender a convivir con él. Y esto pasa por llevar a cabo una gestión forestal sostenible, y por implicar a la sociedad en los aspectos preventivos con un enfoque de corresponsabilidad. El fuego es en muchas ocasiones inevitable, pero siempre podemos actuar para reducir nuestra vulnerabilidad. Reducir la vulnerabilidad significa minimizar los daños sobre ecosistemas, personas y economía mediante una gestión adecuada del territorio, y tener una sociedad mejor educada, preparada y consciente de su papel.

 

Nos jugamos nuestra salud

Julio Díaz Jiménez y Cristina Linares Gil, del Grupo de investigación Salud y Medio Ambiente Urbano, del Instituto de Salud Carlos III, se centraron en los efectos para la salud de las olas de calor y frío. También aquí se habló de vulnerabilidad, especialmente para referirse a las personas con patologías previas que les hacen más sensibles a los efectos de las temperaturas extremas. Y destacaron como muchas veces los efectos de las temperaturas extremas se ven incrementados por sinergias con otros factores, como por ejemplo la contaminación.

Así, se señaló que las olas de calor suelen estar relacionadas con situaciones de bloqueo anticiclónico y con la llegada de polvo procedente del Sáhara, lo que incrementa los niveles de contaminación, y es este factor añadido el que hace que muchos de los planes de prevención, basados únicamente en la temperatura, se estén quedando desfasados.

Ambos ponentes insistieron en la necesidad de adaptación por parte de la población a estas condiciones extremas que cada vez van a ser más frecuentes, y plantearon como reto colectivo para el futuro garantizar que las condiciones de vida de las clases económicas más desfavorecidas sean lo más dignas y seguras posibles, de forma que se reduzca su vulnerabilidad ante este tipo de eventos.

Es necesario impulsar y consolidar una auténtica cultura de las emergencias, basada en la información, la formación y la participación activa de la población
El papel de los medios de comunicación

Uno de los aspectos clave en el abordaje de los riesgos naturales desde la educación ambiental es el de cómo hacer llegar la información técnica a la población en general, y cómo promover hábitos que nos hagan más resilientes como colectividad. En este marco, los medios de comunicación juegan un papel crucial: no se trata sólo de informar, sino de permitir que las personas tomen decisiones informadas para protegerse y mitigar daños. La periodista en CMMedia Ana Sevilla, nos contó cómo se aborda el reto creciente de comunicar e informar sobre los riesgos naturales en un escenario caracterizado por el aumento de fenómenos meteorológicos extremos y el avance del cambio climático. Ana destacó la responsabilidad de los medios de comunicación a la hora de trasladar a la ciudadanía un mensaje veraz y basado en la evidencia científica que emiten las instituciones, haciéndolo de forma clara, sencilla y accesible, para favorecer una adecuada toma de decisiones ante situaciones de riesgo. Es decir, traducir el dato a un mensaje útil.

Por último, analizó el papel de las redes sociales como nuevo espacio informativo, donde resulta imprescindible adaptar los lenguajes y formatos sin perder rigor, al tiempo que se combate la desinformación y se refuerza la conciencia ambiental. Como conclusión, recordó que desde los medios se puede y se debe contribuir a fortalecer la cultura del riesgo, facilitando la toma de decisiones responsables ante situaciones adversas y fomentando una mayor sensibilidad social frente a la nueva realidad climática. Porque comprender el riesgo es la primera y más eficaz protección.

 

De la teoría a la práctica
Image:
Taller Climate for Health y ecoAmerica

La sesión de tarde del primer día del encuentro se dedicó a la realización de tres talleres formativos en los que se pretendía, por medio de dinámicas participativas, compartir experiencias, identificar vulnerabilidades, y proponer estrategias educativas orientadas a la prevención, la adaptación y el fortalecimiento de comunidades más resilientes. Cada uno de los talleres se dedicó a un riego específico: incendios forestales, inundaciones y fenómenos extremos como olas de frío, olas de calor y sequías.

Apoyados en investigaciones desarrolladas por la American Psychological Association, Climate for Health y ecoAmerica, los talleres buscaban poner el foco en los impactos de estos fenómenos sobre la salud (tanto física como mental y comunitaria) y en las claves para fortalecer la resiliencia colectiva. Desde esta perspectiva, se abordó la necesidad de comprender no sólo los efectos ambientales y materiales, sino también sus consecuencias psicosociales, emocionales y relacionales en las comunidades afectadas.

 

Educar para actuar

La segunda jornada del Encuentro se inició con un espacio de diálogo centrado en el protagonismo del sistema educativo en la consecución de una sociedad más resiliente frente a los riesgos naturales. Abordar los riesgos naturales desde el sistema educativo plantea una serie de retos, que empiezan por cómo integrar los riesgos ambientales en el proyecto educativo, cómo concienciar a la comunidad educativa respecto a estos riesgos, y cómo proporcionar herramientas para conseguir una sociedad más resiliente y más preparada para implicarse de forma activa en la búsqueda de soluciones.

Por ello, después de ver en la primera jornada los aspectos relacionados con la comunicación del riesgo, el objeto de este espacio era plantear cómo desde la escuela se puede contribuir a ese necesario proceso de transformación social para conseguir que la sociedad sea consciente de los riesgos, y se prepare para convivir con ellos.

La sesión se inició con la presentación por parte de Gema Alcañiz de un programa promovido por el ayuntamiento de Alzira (Valencia) llamado “Aprende a actuar ante las situaciones de emergencia”, dirigido al sistema educativo, y centrado en la prevención y actuación ante riesgos. Esta actividad piloto se ha llevado a cabo en todos los colegios e institutos de la ciudad, y ha consistido en la impartición de sesiones formativas en 95 aulas, acompañadas de simulacros de evacuación. La formación, desarrollada por el equipo de educación ambiental de la empresa IMEDES, tiene como objetivo que el alumnado conozca los principales riesgos que pueden producirse y aprenda cómo actuar ante ellos. Además, se ofrece información sobre cómo actuar después de una emergencia, cuáles son las fuentes oficiales en las cuales confiar, y qué tiene que contener un kit de emergencia. Todo ello mediante dinámicas participativas y adaptadas a la edad de los escolares, en las que también se contó con la participación de personal de los cuerpos de emergencias.

Después se pasó a una mesa de diálogo moderada por la propia Gema, en la que se contó con la participación de Ana Belén Yuste Martínez, profesora del IES Consaburum, de Consuegra, Daniel Moya Navarro, catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y de Montes y Biotecnología de la UCLM, y Martí Romaní Capdevila, técnico de proyectos de la Fundación Pau Costa.

 

Image:
Presentación por parte de Gema Alcañiz

Ana Belén Yuste, profesora premiada con el Global Teacher Award, y embajadora del Pacto por el Clima de la Unión Europea, destacó el papel del profesorado a la hora de detectar vulnerabilidades y la exposición al riesgo, aunque a veces la propia exposición a desastres en una determinada localidad, como fue el caso de Consuegra y su gran inundación de 1891, hace que el alumnado pueda estar más motivado y sea de ellos mismos de donde surja la idea de trabajar en este tipo de iniciativas. Daniel Moya puso de manifiesto la importancia de enfoques metodológicos como el de “aprendizaje-servicio”, una metodología educativa que combina el aprendizaje curricular con el servicio comunitario en un solo proyecto, permitiendo a estudiantes adquirir competencias académicas y personales al atender necesidades reales de su entorno, favoreciendo de esta forma la transferencia de conocimiento desde el mundo universitario hacia el resto de la sociedad. Martí Romaní, por su parte, habló de los proyectos de formación frente a emergencias más demandados, desde su experiencia como técnico en la Fundación Pau Costa, y señaló que las actuaciones que buscan un impacto real y que dejen una imagen y recuerdo duradero, son las más solicitadas por los centros educativos.

Durante este espacio de diálogo se destacó la importancia de trabajar en el análisis de riesgos naturales de la localidad y provocar que haya diálogos con la ciudadanía, con los familiares, con personas expertas y, en definitiva, con la sociedad. La participación en este proceso educativo de agentes como servicios de emergencias o agentes ambientales también se señaló como deseable, y, finalmente, que todo el trabajo realizado se refleje en informes de resultados que lleguen a los lugares de decisión como, por ejemplo, las Administraciones Públicas.

 

La participación como clave para una sociedad menos vulnerable

Uno de los aspectos que han puesto de manifiesto las últimas emergencias originadas por fenómenos naturales, es la necesidad urgente e ineludible de generar una respuesta colectiva, promoviendo una cultura de la prevención y la adaptación frente a los riesgos naturales.
En este sentido la participación ciudadana se revela como un elemento clave a la hora de conseguir una sociedad más preparada y resiliente. Y es en este contexto donde nace la “Guía de saberes para convivir en un mundo cambiante”, un documento que tiene una vocación pedagógica transformadora y que busca generar esa resiliencia colectiva.

Anna Pons Frígols, directora del Centro de Educación Ambiental de la Comunidad Valenciana (CEACV), fue la encargada de presentar esta publicación, que no solo ofrece contenidos científicos y socioambientales, sino que también incorpora herramientas orientadas al acompañamiento emocional y a la promoción del bienestar mental.

Reducir la vulnerabilidad significa minimizar los daños sobre ecosistemas, personas y economía mediante una gestión adecuada del territorio

 

Más allá de la presentación de la guía, Anna compartió diversas reflexiones que invitaron a las personas asistentes a detenerse y pensar sobre los retos actuales. Ante un contexto marcado por el aumento de fenómenos meteorológicos extremos, subrayó la necesidad de aplicar estrategias eficaces de mitigación y adaptación, reordenar los modelos territoriales, mejorar la gestión de emergencias y fortalecer la preparación de la ciudadanía. Asimismo, puso el acento en la importancia de reforzar la cultura científica en todos los ámbitos de la vida cotidiana, especialmente en un momento en el que la circulación de bulos y desinformación es cada vez más frecuente. En este sentido, recordó que la ciencia debe estar al servicio de la mejora de la sociedad y que las personas que trabajan en educación ambiental desempeñan un papel clave como facilitadoras en la transmisión de información rigurosa y basada en el conocimiento científico.
Finalmente, destacó la importancia de impulsar una educación ambiental para la ESPERANZA (con mayúsculas), entendida como una herramienta fundamental para afrontar los desafíos actuales. Si la ciencia nos proporciona datos y evidencias, también es necesario transmitirlos desde una perspectiva que genere sentido y compromiso, evitando la alarma y promoviendo la comprensión y la acción.
Tras la intervención de Anna Pons, se abrió un espacio de diálogo moderado por Paqui Tamurejo Galán, educadora ambiental y gerente de la empresa OMBION. El debate partía de una premisa clave: el último escalón de la educación ambiental es la participación, entendida como el proceso mediante el cual una persona que ha desarrollado conciencia ambiental y ha adquirido cierta capacitación está preparada para actuar. Y en el participaron, además de Paqui, Fernando Talayero Sebastián, miembro del Grupo de Investigación en Psicología Ambiental de la Universidad de Castilla-La Mancha, Rubén Cabrero Sobradillo, agente medioambiental con dilatada experiencia en formación y participación ambiental, y Juan José Alarcón Martínez, coordinador provincial de Emergencias en Albacete.
Talayero explicó que para que exista una participación ciudadana real es imprescindible que la ciudadanía forme parte de la toma de decisiones, y que se implique a todas las partes interesadas relevantes, tanto a quienes tienen capacidad de decisión como a quienes no la tienen. En este sentido, resaltó la importancia de la transparencia en el acceso a la información y la necesidad de que los procesos participativos concluyan con espacios de deliberación final, como reflexiones o debates, y que las decisiones que surjan de los mismos se incorporen posteriormente a los planes que se elaboren. Rubén Cabrero habló de la importancia de preparar a la ciudadanía para que se pueda anticipar, adoptando decisiones y aplicando medidas que contribuyan a proteger “lo colectivo” y a minimizar los riesgos, mientras que José Alarcón puso el énfasis en comprender los riesgos como primer paso imprescindible para poder actuar eficazmente frente a ellos.

En este punto, el diálogo se centró en la forma de percibir el riesgo por parte de la sociedad. Talayero explicó que la ciudadanía y el personal técnico no perciben los riesgos de la misma manera: mientras que la población suele hacerlo de forma más subjetiva, el personal técnico tiende a abordarlos desde un enfoque más objetivo, y señaló el papel fundamental de la educación ambiental para mejorar la comprensión de los riesgos por parte de la sociedad. Rubén, por su parte, repasó algunas conductas que evidencian una percepción inadecuada del riesgo y volvió a poner en valor el papel de la educación ambiental para mejorarla. El hecho de que en un determinado lugar no se haya producido previamente un incendio forestal suele llevar a la ciudadanía a confiarse y pensar que no ocurrirá. Cuando finalmente sucede, tendemos a atribuirlo a la mala suerte, cuando en realidad responde a una serie de factores que lo hacen posible. Juan José destacó que, como sociedad, tendemos a minimizar o incluso a obviar los riesgos a los que nos enfrentamos. Según explicó, solemos olvidar rápidamente los episodios negativos y pasar página con facilidad. Sin embargo, desde el punto de vista de Protección Civil es esencial que la población conozca y tenga presente el nivel de riesgo a que está sometida, es decir, si vive en una zona inundable o no, o si es especialmente vulnerable a incendios forestales, y que sepa cómo actuar ante la posible ocurrencia de este tipo de fenómenos.

Y llegados al punto de la participación activa de la sociedad, Juan José destacó el voluntariado como una herramienta especialmente potente para fomentar la participación. Aquí quiso detenerse para diferenciar entre voluntariado y voluntarismo, señalando que el primero implica organización, formación y coordinación, mientras que el segundo, basado únicamente en la buena voluntad pero carente de estructura, puede resultar poco eficaz e incluso generar problemas añadidos, llegando a provocar “una emergencia dentro de otra emergencia”. Asimismo, subrayó la importancia de los planes de emergencia municipales como instrumentos fundamentales para canalizar la participación ciudadana, ya que permiten implicar a la población en la prevención y en la gestión de los riesgos desde diferentes niveles.

Image:
Encuentro Regional de Educación Ambiental

En este sentido, Paqui recordó el papel de las redes vecinales, que constituyen también una vía muy eficaz para fomentar la participación, y que no solo fortalecen el tejido comunitario, sino que pueden desempeñar un papel clave tanto en la prevención como en la respuesta ante situaciones de riesgo, contribuyendo a generar comunidades más informadas, preparadas y resilientes.

Uno de los principales retos identificados durante el diálogo fue el de la necesidad de promover un cambio en la forma en que la sociedad se relaciona con los riesgos ambientales. Ello implica avanzar hacia un modelo social más consciente, informado y corresponsable, capaz de integrar la prevención y la preparación ante emergencias como parte de la vida cotidiana. Asimismo se identificó como elemento clave la generación de confianza entre instituciones, profesionales y ciudadanía, para fortalecer la gestión de los riesgos. Para ello, es necesario impulsar y consolidar una auténtica cultura de las emergencias, basada en la información, la formación y la participación activa de la población.

 

El encuentro desde los coles

Además de las actividades que se desarrollaron en el Centro Cultural “La Confianza”, que acogió tanto las ponencias como los espacios de diálogo, o en el Centro Cultural Cecilio Muñoz Fillol, en el que se desarrollaron los talleres, este año como novedad, se quiso implicar de alguna forma a los centros docentes de la localidad en el desarrollo del Encuentro.

Así, durante la semana del 23 al 27 de febrero, se plantearon una serie de actividades educativas en los colegios de Valdepeñas, en las que participaron alrededor de 270 alumnos de 5º curso de Educación Primaria. Bajo el título “Este clima está loco”, el objetivo de la actividad era ayudar al alumnado a comprender qué está ocurriendo con el clima a nivel planetario, y relacionar el cambio climático con el aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos, identificando aquellos que se producen con mayor frecuencia en nuestro entorno.

Además, la actividad reflexionó sobre cómo estos fenómenos pueden afectar tanto a las personas como al medio ambiente, fomentando la integración de la acción climática en la vida cotidiana mediante pequeñas acciones que contribuyan a prevenir o afrontar los desafíos climáticos.

Revista de medio ambiente número 42
Archivo