El marcaje con radioemisores
Conocer para conservar. Esta premisa de partida es básica para la gestión en protección del medio ambiente en general y de los recursos naturales protegidos (flora, fauna, hábitat,...) en particular. No cabe duda de que disponer de información científica rigurosa sobre las poblaciones de las especies (distribución, abundancia, productividad, mortalidad, problemas de conservación, etc.) es un elemento esencial para poder adoptar las medidas de gestión que sean más eficaces para su conservación.
Los avances tecnológicos en materia informática y de telemetría en los últimos 20 años nos han aportado potentes herramientas para la obtención y tratamiento de la información sobre las especies. En este sentido, el desarrollo de los Sistemas de Información Geográfica SIG y de la tecnología de geolocalización por satélite nos permiten disponer a un coste razonable de una información de alta calidad, imprescindible para las actuaciones de gestión en conservación de biodiversidad.
Aunque las herramientas tradicionales, uso de telescopios y muchas horas de campo por parte de personal cualificado siguen siendo imprescindibles para el seguimiento de especies amenazadas, el uso de radioemisores nos aporta una información de alta calidad con una favorable relación coste-beneficio que permite conocer aspectos como el uso del hábitat, movimientos dispersivos y migraciones, detección de mortalidad y otros aspectos de la ecología de las especies.
El marcaje con radioemisores
El uso de emisores para seguimiento de fauna se ha venido generalizando desde la década de los 90 del siglo XX. Inicialmente, los emisores utilizados en la frecuencia VHF (terrestres) requerían del seguimiento en campo por personal dotado de antenas direccionales, lo que supone evidentes limitaciones que reducen la eficacia de este método en sus periodos iniciales. Se requiere personal cualificado, bien distribuido por el territorio y coordinado para la detección de los animales, lo cual rara vez es posible (Castaño, 2005, 2010, 2025). Las aves pueden realizar movimientos migratorios a grandes distancias de los lugares de marcaje (nidos, por ejemplo), y su localización depende de que haya personal con receptores y antenas en las zonas donde se desplazan, lo cual generalmente no es factible ya que requeriría de un elevado número de personas, vehículos, etc. ampliamente distribuidos por el territorio. Esto limita en gran medida conocer los movimientos reales de los animales más allá de donde se dispone de personal para el seguimiento.
El desarrollo de la tecnología satelital y la reducción de los costes económicos, tanto de los emisores como de la recepción de datos, han supuesto un salto cualitativo y su uso se ha generalizado a niveles impensables hace apenas 15 años. Son centenares los proyectos en todo el mundo los que utilizan emisores GPS satélite para obtener localizaciones de animales marcados de casi todos los grupos zoológicos, marinos y terrestres. Cada emisor satélite puede aportar miles de localizaciones precisas que permiten determinar sus movimientos, y esta información puede recibirse casi en tiempo real y ser utilizada de forma eficaz para la investigación, gestión y conservación.
A efectos prácticos, el conocimiento de los movimientos de los ejemplares marcados nos permite tener información valiosa sobre el uso del hábitat, muy útil por ejemplo para realizar una evaluación ambiental rigurosa de proyectos a partir de una información totalmente objetiva (localizaciones GPS concretas que no están condicionadas por la subjetividad que puede influir en la valoración de la información obtenida en campo por consultoras de parte), identificar zonas importantes para la reproducción o migración en zonas remotas o poco conocidas, detectar mortalidad, puntos conflictivos, etc.
El uso de radioemisores en Castilla-La Mancha
En Castilla-La Mancha, el radiomarcaje con emisores terrestres se inició a finales del siglo pasado en grandes rapaces de forma puntual (águila imperial, águila perdicera), sin una planificación o estrategia concreta. Con el proyecto LIFE Priorimancha (2009-2014) se establece un programa regional específico de marcaje con águila imperial ibérica, águila perdicera, buitre negro y lince ibérico empleando principalmente emisores terrestres y algunos de satélite (Sánchez et al, 2014; Informe Layman; Castaño, 2025).
Tras concluir el LIFE, desde 2014 el radiomarcaje es realizado por los servicios de medio natural de las diferentes provincias, sin que exista un plan coordinado de actuaciones a nivel regional en esta materia, salvo para el caso del lince ibérico, objeto de otros proyectos LIFE que contemplan expresamente el radiomarcaje. En todo caso, el marcaje GPS de ejemplares de diferentes especies nos aporta cuantiosa información de calidad y exponemos a continuación algunos ejemplos de la utilidad en conservación del uso de emisores satelitales:
Uso del hábitat, dispersión y migración.
Las localizaciones obtenidas nos permiten mediante herramientas informáticas adecuadas obtener las áreas de campeo, rutas migratorias, etc. Esta información es especialmente relevante en los procedimientos de evaluación de impacto ambiental, identificación de zonas con interés para conservación de cara a su posible protección legal, (áreas críticas, zonas de concentración o invernada, espacios Red Natura 2000, etc). La obtención de los denominados polígonos Kernel nos aporta información gráfica de las zonas más frecuentemente utilizadas por los ejemplares radiomarcados y permite conocer el uso del hábitat en las mismas y priorizar las medidas a adoptar en diferentes zonas del territorio.
Muchas especies se desplazan a cientos o miles de kilómetros en sus viajes dispersivos o migratorios y su seguimiento por medios terrestres es prácticamente inviable. La telemetría satelital es especialmente útil en el estudio de la dispersión juvenil y migración en estos casos, ya que la cobertura de satélites abarca prácticamente toda la superficie del planeta.
Un ejemplo en Castilla-La Mancha con especies migratorias es el del milano real en Toledo. Entre 2019-2021 se liberaron 4 milanos reales recuperados en el CERI de Sevilleja de la Jara, que posteriormente viajaron a sus zonas de reproducción en zonas tan distantes como Francia o Alemania. Al menos un año tras la liberación en Toledo continuaban vivos (CERI, 2023). En las figuras 1 a 5 se presentan algunos ejemplos para águila imperial, cernícalo primilla, águila perdicera, águila culebrera, buitre negro y lince ibérico. Se incluye un caso poco frecuente en el caso del águila imperial de un ejemplar recuperado en el CERI y liberado en Toledo que “emigró” en otoño al África subsahariana retornando a la península en la siguiente primavera (fig 4b). Es muy improbable que hubiésemos legado a conocer su periplo sin la información aportada por el radioseguimiento del emisor GPS con el que se le equipó en su liberación.
Otra información de interés que aportan los radioemisores es detectar nuevas zonas de reproducción en zonas alejadas de ejemplares marcados como juveniles. Esto permite evaluar el grado de flujo genético entre poblaciones, aspecto esencial en la variabilidad genética de las especies. Así, por ejemplo, hemos en Castilla-La Mancha a mediados de los años 80, aunque durante el desarrollo del LIFE Priorimancha en 2010-2011 se detectaron varios ejemplares en la Sierra Morena ciudadrealeña mediante fototrampeo y algunos casos de mortalidad por atropello o muerte en caja trampa (lincesa Grazalema). Posteriormente, un ambicioso proyecto de reintroducción (LIFE Iberlince y Lynx Connect) nos ha llevado a la situación actual en la que Castilla-La Mancha tiene el orgullo y privilegio de ser la comunidad autónoma con mayor población de lince ibérico del mundo, próxima a 1.000 ejemplares estimados en 2024. Dado que es imposible con los escasos recursos humanos disponibles controlar toda su población, el empleo de radioemisores es clave para determinar nuevas zonas de asentamiento, valorar flujos genéticos y detectar amenazas. Como ejemplo, de los datos ya existentes sabemos que ejemplares radiomarcados liberados en Extremadura (hembra Luna) o ejemplares liberados en Portugal se han desplazado a zonas como Montes de Toledo en las que se han asentado como reproductores. También ejemplares nacidos en Toledo se han asentado en Andalucía o un ejemplar liberado en Cuenca que se desplazó a Guadalajara y posteriormente a Madrid.
Supervivencia y detección de mortalidad.
Las localizaciones por GPS satélite permiten conocer casi en tiempo real posibles incidencias en los animales radiomarcados, en la mayoría de las ocasiones debidas a mortalidad. Esto es especialmente relevante en casos de mortalidad no natural, como electrocución, veneno o disparo, que en la mayor parte de las ocasiones no serían detectadas. Esto tiene evidentes repercusiones respecto a la posibilidad de perseguir delitos o infracciones en relación con la fauna amenazada. En las figuras 7a,b c se muestra la mortalidad por causas para el total de ejemplares ingresados en el CERI en el periodo 2017-2025 de águila imperial, águila perdicera y milano real, en relación al de ejemplares ingresados radiomarcados.
Otra utilidad en relación a este aspecto es la cuantificación del éxito en la liberación de ejemplares recuperados en los Centros de Recuperación de Fauna Amenazada, ya que el seguimiento de ejemplares liberados con radioemisor nos permite conocer si se adaptan a su vuelta a medio natural y su evolución futura. Los datos obtenidos de los ejemplares liberados validan el excelente trabajo realizado por el personal de los CRFs. Así por ejemplo, para 41 imperiales recuperadas en el CERI y liberadas al medio natural portando un emisor satélite GPS-GSM, la supervivencia al mes de la suelta fue de 94 %, lo que indica el éxito de la recuperación (tabla 1). La supervivencia a los 6 meses fue del 69 %, produciéndose la mayoría de las muertes por causas no naturales (principalmente electrocución) cuando los animales ya estaban “integrados” en el medio natural (CERI, 2023).
En la figura 6 se presentan datos de mortalidad según causas para lince ibérico (en el periodo 2009-2025 n=409 ejemplares localizados muertos; 304 sin emisor y 105 con emisor). Podemos observar como el radiomarcaje permite detectar en mayor medida la mortalidad no natural como el disparo, la captura ilegal en lazos, cajas trampa y algunas causas de mortalidad “natural” (ahogamiento, enfermedad). En el caso de los atropellos, asociados obviamente a carreteras, los ejemplares no radiomarcados, más abundantes, suponen una mayor proporción, siendo para detectar esta causa de mortalidad menos relevante el que posean o no emisor.
En conclusión, la conservación de la biodiversidad en el siglo XXI debe apoyarse en los avances tecnológicos disponibles, como el uso de emisores GPS o por ej. el uso de drones en determinados casos para seguimiento de nidos, etc. Los criterios científicos y la experiencia de campo de los gestores deben guiar estas actuaciones para optimizar su uso de forma eficaz y eficiente.
